El sueño de pibe puede cambiar el espejo donde mirarse, pero el objetivo siempre será el mismo: emular las hazañas y alcanzar los éxitos deportivos de los ídolos del momento. “Seré un Baldonedo, un Martino o un Boyé”, decía la letra original del tango escrito en 1945. Una versión de los 90 incluyó a Diego Maradona. Ahora los pibes sueñan ser Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, “Kun” Agüero o Carlos Tevez. Sin embargo, para alcanzar esa dimensión se necesita tiempo, esfuerzo y dedicación. También talento y una dosis, aunque sea pequeña, de suerte. Nada es fácil. Tampoco es imposible.

El aislamiento obligatorio cambió la rutina en todo el mundo. Incluso de los futbolistas profesionales, que se preparan en sus casas desde hace varias semanas -la mayoría lo sigue haciendo, aunque en algunas ligas europeas preparan protocolos sanitarios para que vuelvan a los campos de entrenamientos-. Todos cumplen las instrucciones de los preparadores físicos y entrenadores.

Aunque las expectativas y las exigencias son diferentes, alumnos de una escuelita de fútbol tucumana tienen el desafío de cumplir rutinas de entrenamientos que son seguidas por videos, tal como sucede en el profesionalismo. Si bien las exigencias no están al nivel de los trabajos que realizan esas figuras, al menos pueden entrenarse como lo hacen ellos. Motivarlos, mantenerlos cerca de los profesores y ayudarlos a cumplir con el aislamiento obligatorio sin aburrirse son los objetivos que impulsan los responsables del centro deportivo. Los padres apoyan y agradecen la iniciativa.

“Las instalaciones de nuestro complejo están cerradas desde que se dispuso la cuarentena. Sabemos que los chicos necesitan tener actividades y se nos ocurrió buscar una alternativa para que puedan seguir entrenándose. La respuesta fue inmediata y estamos conformes. Los chicos están felices porque mantienen un contacto permanente con los profesores y pueden desarrollar una actividad física. Los padres se unieron rápidamente a nuestra iniciativa y colaboran desde su casa”, contó Alvaro Valladares, coordinador de la escuelita de fútbol que funciona en Yerba Buena.

El sistema tiene tres etapas. En la primera, Valladares se reúne con los profesores de las diferentes categorías y arman una rutina de trabajo que envían a los chicos por medio de videos que se suben a YouTube o se los difunde por diferentes plataformas que tienen en las redes sociales: Valladares FC, en Instagram, y escuela de fútbol Valladares, en Facebook.

“Les explicamos cómo se hacen los ejercicios que deben desarrollar. Una vez que terminan las prácticas nos mandan videos que analizamos y hacemos las devoluciones”, explicó. Las clases están destinadas a los alumnos de la escuelita, pero se mantienen abiertas para los que quieran sumarse.

“Las clases incluyen una entrada en calor. Luego hacen trabajos de resistencia y velocidad, para terminar con ejercicios con pelotas. La intensidad depende de la edad de los chicos”, explica Valladares. La escuelita cuenta con alrededor de 200 alumnos cuyas edades van de 4 a 15 años. “Arrancamos hace 10 años y hacemos una planificación anual que esta vez no podrá respetarse por la pandemia. Esa situación nos tenía preocupados y buscamos una alternativa para no perder el contacto con los chicos. Ahora vivimos en un mundo virtual y esta nos pareció la mejor opción”, resaltó.

Las actividades se renuevan dos veces por semana y los chicos cumplen con una rutina como si fuesen al complejo. “Para ellos ponerse la ropa de entrenamiento que entregamos en la escuelita es muy importante. Lo único que no podemos hacer es jugar partidos. Además, los videos incluyen recomendaciones para el cuidado de la salud. Les pedimos que se laven las manos y se cuiden evitando salir a la calle”, destacó Valladares.

El tema económico también afecta a este rubro y seguir con la actividad es muy importante. “Las autoridades nacionales ya dijeron que el fútbol tardará mucho en volver. Nosotros tenemos el complejo cerrado desde el 14 de marzo y los ingresos son nulos. Hablamos con los padres y decidimos cobrar el 50 por ciento de la cuota mensual. Con esto les pagamos a los profesores y cubrimos algunos gastos. Queríamos que los chicos sigan ligados al fútbol y aunque no es lo ideal, al menos le encontramos la vuelta para lograrlo”, expresó. Que el sueño del pibe se mantenga vivo es fundamental. Aunque para intentar hacerlo realidad se tenga que apelar a las clases virtuales.